Por Isabel Briñas. Comunicación

Hace 8 años Fátima llegó a la Asociación Rumiñahui porque le habían dicho que le podían ayudar para legalizar su situación en España. “En cuanto entré, me di cuenta de que era como estar en mi casa, me trataron muy bien y me ayudaron en todo momento para poder conseguir los papeles”. En la actualidad Fátima sigue visitando la asociación con su gran sonrisa y participa en diferentes actividades siempre que puede. Su sencillez y optimismo nos ha cautivado a todos.

Nació en el norte de Marruecos, dentro de una familia muy, muy humilde. Ella recuerda de pequeñita cómo su padre le obligaba a ir al campo a cuidar del ganado, hacía mucho frío, no tenía zapatos y su madre se quedaba llorando en casa porque no quería que su hija fuera en esas condiciones. Esa época fue muy dura para ella, eran 8 hermanos, pasaban mucha hambre, su padre era violento… Su suerte mejoró cuando se fueron a la ciudad, la relación con su padre se suavizó, pero seguían siendo muy pobres… Los recuerdos de su infancia no son buenos.

Se casó con un hombre que era alcohólico, tuvo su primera hija y se separó porque no podía vivir así. Tuvo su segunda hija de un segundo matrimonio, pero cuando todavía la niña era muy pequeña decidió venir a España, dejando a sus hijas al cuidado de su madre. Para poder venir tuvo que pagar 4000 euros pidiendo un crédito en su país para poder realizar ese viaje en barco.

Hace ya 20 años que vino a España. Sus inicios en este nuevo país para ella fueron muy difíciles, lo pasó muy mal ya que estuvo en casas de desconocidos compatriotas que le estafaron varias veces, por lo que iba de un lado a otro… incluso hasta llegó a dormir en la calle.

Su fe le hizo salir adelante siempre con fuerza. “A mí no me roban, se roban ellos mismos, si alguien hace daño a otro, se lo hace él mismo. Estamos en dos barcos: el de aquí y el del más allá. Conforme te portes en este barco, eso recogerás en el otro”. La vida aquí es humo, se va como el viento… por eso el dinero no es nada, sólo sirve para comprar cosas.

“Pero aquí en España la gente es muy buena, me han ayudado siempre mucho”, asegura. Lo dice con un brillo en sus ojos verdes único, ese brillo especial de las personas agradecidas de la vida. Porque ella lo está y mucho, “nunca me he sentido discriminada ni me han tratado mal, todo lo contrario. Llevo a España en mi corazón”, dice con un gesto que confirma su sinceridad, porque “en mi país jamás me tendieron una mano, todo lo contrario a lo que he vivido aquí, donde todos los españoles me han ayudado. Cuando hay un partido de fútbol yo siempre voy con España, aunque juegue contra Marruecos”.

Actualmente está jubilada por incapacidad y cobra una pequeña pensión. “Lo que sí puedo decir es que cuando voy por la calle me siento como si fuera una reina”. Eso sólo lo puede conseguir porque su corazón rebosa felicidad, agradecimiento… y generosidad “no puedo ver a alguien que está pasándolo mal, porque me pongo en su lugar y lo ayudo con todo lo que tengo”.

Tiene dos sueños que quiere cumplir: “aprender a leer y tener la nacionalidad española. El 24 de enero tengo cita para que me den por fin esta nacionalidad que tanto deseo”. Asegura que hará una gran fiesta.

Y respecto a su primer sueño: “daría la mitad de mi vida por saber leer”.

Posdata: Desde la Asociación Rumiñahui nos comprometemos a que dentro de un año, Fátima pueda leer y escriba cómo se siente tras conseguir su gran sueño.

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